La Delio Valdez en el Foro Puebla: El arte de transformar la pena en fiesta
La noche del 21 de noviembre de 2025, el aire de la colonia Roma olía a celebración. Un Foro Puebla con las entradas agotadas se preparaba para un ritual que ya se ha vuelto una tradición esperada: el regreso de La Delio Valdez.
El público era un mosaico vibrante y diverso, un reflejo fiel del alcance de la orquesta; en la pista se mezclaban desde los puristas amantes de la cumbia colombiana hasta los devotos seguidores del sonido porteño que la banda ha perfeccionado a lo largo de más de quince años.
Este no era un concierto cualquiera. Se trataba de la presentación oficial en México de su más reciente álbum, El Desvelo, y la sexta visita de la cooperativa musical al país, un hecho que subraya la construcción de una relación profunda y recíproca con su audiencia mexicana.
Noche a noche, baile a baile, han tejido un lazo que trasciende lo musical para convertirse en un verdadero diálogo cultural.
Por ello, este concierto fue mucho más que la ejecución de un repertorio; fue la manifestación tangible de la filosofía de La Delio Valdez.
Una filosofía donde la cumbia actúa como una “lengua franca” que sutura las venas de Latinoamérica, transformando la pista de baile en un espacio de celebración colectiva, pero también de memoria y resistencia.
Como afirmó Oso (Manuel Cibrián), guitarrista y voz de la orquesta, días antes del evento: “Ir a México cada vez es muy importante para nosotros… siempre nos nutre de nuevos ritmos y nos alimenta como artistas”.

La apertura: El Desvelo se revela entre Clásicos
La estrategia de La Delio Valdez para iniciar la velada fue una clase magistral de cómo conectar con el público sin sacrificar la identidad de su nuevo trabajo.
En lugar de una inmersión abrupta en El Desvelo, la orquesta tejió un puente sonoro entre su material más reciente y los éxitos consolidados que los han convertido en un referente continental. Fue un acto de bienvenida, una invitación a reconocer lo familiar para después abrazar lo nuevo con confianza.
El concierto arrancó con “Negro querido”, el tema que abre su nuevo disco y que evoca al maestro colombiano Andrés Landero.
Fue una declaración de principios: la potencia y sofisticación del sonido actual de la banda se desplegó de inmediato, mostrando arreglos de vientos precisos y una percusión expansiva que sentó el tono.
A partir de ahí, la orquesta hiló estrenos como “Entre vos y yo”, la tanguera “Farsantes” y “Dice que no le importa” con clásicos que el público esperaba con ansias.
Bastó el primer y reconocible rasgueo de guitarra de “Negra ron y velas” para que el Foro Puebla detonara, “explotó en voces y pasos”. Fue el primer clímax de la noche, el momento en que la “comunión entre banda y público fue total”.
Seguido por “La cancioncita”, este combo explosivo demostró que la banda sabe administrar la energía de la fiesta.
Sin embargo, justo cuando la euforia era total, la orquesta introdujo “De un tiempo a esta parte”, una pieza de tono más melancólico que demostró desde el inicio la amplitud emocional de su propuesta.
Fue un movimiento deliberado para validar su conexión con los fans, mostrando que su evolución sonora no ha mermado su energía, sino que la ha enriquecido con nuevas profundidades. Con el público ya entregado, la orquesta se preparaba para un viaje hacia el corazón de sus influencias.

El corazón del repertorio: Un diálogo con la tradición
En el núcleo del concierto, La Delio Valdez dejó claro que su propuesta va más allá de la composición original; es un constante diálogo con la historia de la música popular latinoamericana.
Este bloque fue un testimonio de su faceta como “investigadores”, como musicólogos apasionados que buscan en la “tradición” sin ser “tradicionalistas”.
No se trata de replicar un sonido de museo, sino de un acto de construcción de canon, de inscribirse conscientemente en un linaje viviente para reinterpretarlo ante una nueva generación.
La inclusión de homenajes fue la prueba más clara de este enfoque. Su elegante interpretación de “Por ese palpitar”, un tributo al icónico Sandro, y su vibrante versión de “Amor de mis amores” —el clásico internacionalmente popularizado por La Sonora Dinamita bajo el título “Que nadie sepa mi sufrir”— no fueron meros caprichos, sino un gesto de respeto a los gigantes que pavimentaron el camino.
Este diálogo con el pasado resuena profundamente con la filosofía de la banda sobre la dualidad emocional inherente a la cumbia. Como reflexiona Oso, el baile y la melancolía son dos caras de la misma moneda:
“Las cumbias y la música popular son de desamor. Uno baila la tristeza y eso es lo impresionante que tiene esta música… A veces las canciones son desgarradoras y te atraviesan por completo la experiencia de estar vivo y al mismo tiempo estás bailando y gozando con otras personas. Eso es muy potente”, dijo.
Esta potente mezcla de sentimiento y ritmo se materializó de forma contundente en este segmento con “Pájaro y demonio”. La canción, con su título evocador, encarnó a la perfección esa naturaleza desgarradora que describía Oso.
En ella, la orquesta demostró cómo la cumbia puede ser un vehículo para procesar colectivamente tanto la euforia como la oscuridad, transformando la pena en un acto comunitario de goce y liberación.
El homenaje al pasado estaba completo, y era el momento de sumergirse de lleno en la exploración conceptual de su presente.

La mística nocturna: Un viaje sonoro por El Desvelo
La parte central del concierto fue una inmersión profunda en el universo temático de El Desvelo.
Este álbum explora el territorio místico que se habita entre la noche y el alba, ese estado de vigilia donde los pensamientos, los anhelos y los demonios personales emergen. La percusionista Ximena Gallina lo enmarca con una cadencia poética que sirvió como guía conceptual para esta sección de la noche:
“Cuando llegamos al concepto de El desvelo, queríamos llenarlo más de esa mística… Creo que ahí hay canciones que son formas de desvelarse y hay amaneceres”, expresó.
Este bloque del repertorio, que incluyó temas como “El paso final”, “Cumbia del río”, “Corazón cumbiambero” y la catártica “Noche de cumbión”, fue precisamente eso: un arco narrativo que sumergió al público en un viaje sonoro.
La orquesta moduló la intensidad, pasando de las atmósferas introspectivas de los primeros temas a una explosión de ritmo que culminó con el himno que da nombre a la gira, pintando un paisaje sonoro que capturaba la esencia de esas horas donde la mente no descansa.
Fue en este punto donde la potencia sonora de la orquesta alcanzó una nueva dimensión, confirmando la percepción de sus propios integrantes.
Como había señalado Oso sobre la grabación del disco: “Lo que sí es que esta orquesta suena como nunca ha sonado… El disco tiene una gran potencia por eso…”.
En vivo, esa potencia no solo se confirmó, sino que se magnificó. Cada sección de la banda funcionó con una cohesión y una fuerza arrolladoras. La energía acumulada en esta travesía nocturna estaba a punto de desbordarse, preparando el terreno para el clímax final de la celebración.

El cumbión estalla: Celebración, colaboración y clímax
La recta final del concierto encapsuló a la perfección la dimensión social y política que subyace en el proyecto de La Delio Valdez.
Este fue el momento en que la fiesta trascendió el mero entretenimiento para convertirse en un manifiesto de unidad, libertad y hermandad latinoamericana. La pista de baile se transformó en una asamblea popular donde la única consigna era celebrar en comunidad.
El punto culminante de esta declaración de unidad llegó con la colaboración en “Abajo de la palmera”. La orquesta invitó al escenario a los mexicanos Son Rompe Pera, y la unión de la marimba punk de los hermanos Gama con el cumbión de la Valdez fue una explosión de energía que selló la admiración mutua entre ambas agrupaciones.
Fue más que una colaboración musical; fue un acto simbólico que reforzó el discurso de una Latinoamérica conectada por sus raíces y su cultura popular.
A partir de ahí, la energía del Foro Puebla alcanzó su punto más alto. La elección de los temas finales fue una seguidilla imparable de éxitos diseñados para la catarsis colectiva.
El mega hit “Inocente” fue coreado por cada una de las almas presentes, seguido por el cierre definitivo con “Adiós amor” y la icónica “Cumbia cienaguera”. Cada canción fue un empujón más hacia una euforia total, consolidando la experiencia como una verdadera celebración popular.
Esta euforia, sin embargo, no era vacía. Estaba cargada de un significado más profundo, una visión política que la banda defiende con convicción.
“Que el pueblo baile en libertad es algo político”
Como lo articula Chango (Damián Chavarría): “La cumbia es un género que se expresa socialmente y también políticamente. La Delio está atento a eso, a que sea bailable pero que se entienda el mensaje”.
Esta idea es la que da sentido a todo su proyecto, una visión que Oso resume en una frase que es el corazón de su manifiesto: “Que el pueblo esté bailando en libertad es algo muy político. Cuando uno va a la raíz no solo es entretenimiento, es celebración”, cerró.
Finalmente, esta crónica estaría incompleta sin mencionar al último integrante de la banda, ese que no sube al escenario pero que es indispensable para que la magia ocurra: el público.
La Delio Valdez ha construido una relación simbiótica con su gente, una comunión que Chango define a la perfección con una entrañable metáfora futbolística: “nos gusta estar cerca de la gente… porque son la otra parte de la banda, son el jugador número 12 en la cancha”.
El concierto en el Foro Puebla no fue solo la presentación de un disco. Fue la reafirmación de un pacto: el de una orquesta que encuentra su máximo sentido en la celebración colectiva, y el de un público que, al bailar, no solo escucha la historia de La Delio Valdez, sino que la escribe con sus propios pies.

