El Kuelgue en el Lunario: Una propuesta auténtica y emocional
El pasado viernes 21 de noviembre, el Lunario del Auditorio Nacional fue testigo del talento y la versatilidad de la banda argentina El Kuelgue, quienes con su mezcla de rock, funk y ritmos latinos, lograron conquistar al público mexicano.
Fue antes de las 21 horas que las luces del recinto se apagaron y los gritos por parte de la audiencia se volvieron protagonistas. Posteriormente los integrantes de la banda tomaron sus lugares en el escenario, dejando al final al vocalista: Julián Kartun, quien fue recibido entre gritos y aplausos.
“Ir derecho” y “Hola precioso” fueron de las primeras rolas que interpretaron, llevando a las y los asistentes a un viaje sonoro por su repertorio.

Un viaje sonoro: De “Natación” a la nostalgia de “Mil horas”
Desde los primeros momentos todos y todas en el lugar conectaron con la música, dejándose llevar y moviendo el cuerpo al ritmo de cada una de las canciones que verdaderamente eran muestra de la autenticidad y la originalidad que caracteriza a la banda.
“Estamos muy contentos de tocar aquí, pero esta vez con mucha más gente. Muchísimas gracias (…) esperamos estar a la altura del público encantador que nos tocó hoy. Estaremos tocando temas del último disco y algunos otros temas”, dijo muy entusiasmado el vocalista.
La noche continuó con “Natación”, “Díganselo” y “Mil horas”, entre luces y destellos que iban marcando el pulso de un público cada vez más entregado. El coro de la audiencia completaba los versos y al mismo tiempo, desataba nostalgia con dulzura que tanto evocan los temas de la banda.

Dr. Simi y compatriotas: La interacción con el público mexicano y argentino
Cabe destacar que el grupo recibió su, ya tradicional, peluche del Doctor Simi, por lo que agradecieron y de inmediato lo guardaron. El vocalista habló sobre su natal Argentina y preguntó quién era originario de allá, a lo que varios espectadores levantaron la mano.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando sonó “Carta para no llorar”, no hubo quien no cantara entre las luces azules que inundaron la atmósfera de melancolía. A esa altura, el Lunario ya era una sola voz.
La banda jugó con las dinámicas, pasando de momentos íntimos al estallido colectivo, donde cada instrumento parecía tomar vida propia. El clima se volvió una celebración compartida, un pequeño ritual en el que cada sonrisa desde el escenario encontraba eco en la multitud.

La fiesta final con “Góndola”: Un cierre de baile y celebración
La recta final llegó con fuerza: “Marquitos” hizo bailar hasta a quienes no se sabían la letra, mientras que “Góndola” y “Avenidas” consolidaron ese clima de fiesta. También se tomaron algunos minutos más para interactuar con la audiencia y agradecer por el apoyo que le brindan a su música.
Con un setlist que recorrió lo nuevo, lo clásico y lo inesperado, El Kuelgue logró convertir el concierto en una experiencia completa: no solo un repaso de canciones, sino un relato vivo, lleno de guiños, sutilezas y momentos inolvidables.

