Hermanos Ambriz de ‘Soy Frankelda’: “Nos encontramos con las puertas cerradas, las tuvimos que abrir a la fuerza”
Soy Frankelda sacudió hace unos meses el Festival de Annecy (el más importante del cine de animación en el mundo) y marcó un hito en el cine mexicano.
En el prestigioso Festival de Annecy 2025, el cine mexicano de animación dio un paso monumental con Soy Frankelda, la primera película en stop-motion de la historia del país, dirigida por Arturo Ambriz y Roy Ambriz.
Este ambicioso proyecto, presentado con gran éxito en el certamen francés y recientemente estrenado en las salas comerciales de México, no sólo cautivó al público internacional con su narrativa compleja y su técnica impecable, sino que también consolidó a nuestro país como un referente emergente en la animación global.
Inspirada en la serie homónima de HBO Max, la película lleva la esencia de Mary Shelley al contexto mexicano, explorando temas de frustración creativa y resiliencia a través de una historia de fantasía épica que trasciende fronteras.

Un musical que cruza la cordillera
Soy Frankelda sorprendió a Annecy por su audacia al adoptar el formato de musical, un género poco explorado en Latinoamérica.
En Annecy, los hermanos Ambriz lograron una recepción entusiasta: “Buenísima, la verdad es que teníamos muchos nervios, no sabíamos cómo lo iba a tomar el público, pero creo que gustó mucho, por suerte”, dijo Roy en una entrevista con Clímax en Medio durante la más reciente edición del Festival de Annecy.
“Muchos aplausos, muchas reacciones, al acabar la película estuvimos cerca de 2 horas platicando con personas de Alemania, de Italia, de Francia, de España”, compartieron los directores, destacando cómo la película conectó emocionalmente con audiencias diversas, algunas incluso llorando por la historia.

Un hito técnico y narrativo
Soy Frankelda es una proeza en el ámbito del stop-motion, un proceso arduo que requirió “un poquito menos de 3 años” y el trabajo de “cerca de 200 personas”.
Los Ambriz explicaron que la complejidad de la narrativa, una de las primeras historias de high fantasy en México, demandó tiempo para construir un mundo rico en personajes y lenguaje:
“Era lo que la historia requería, es una historia complicada… implica tiempo para poder construir, ir poco a poco creando una expectativa que vayan entendiendo y al final llegas al payoff”, dijo Arturo.
La técnica visual, apoyada por la dirección de arte de Ana Ambriz, fue uno de los aspectos más elogiados, con el público fascinado por la estética y las canciones que refuerzan el mensaje emocional de la película.

Conexión emocional y legado personal de los hermanos Ambriz
La película no solo destaca por su ambición técnica, sino por su capacidad de resonar a nivel humano.
Los Ambriz señalaron que el público conectó profundamente con la protagonista, inspirada en una Mary Shelley mexicana que lucha contra la frustración de no ser escuchada:
“Con Frankelda nos identificamos mucho con esta parte creativa y la frustración de no ser tomada en cuenta”, dijo Roy.
Esta conexión se reflejó en Annecy y en el Festival de Guadalajara, donde la reacción fue similar: “Mucha gente se acercó para platicar, hicieron fila y esperaron un buen rato para poder tomarse una foto, contarnos su experiencia”.
La dedicatoria final de la película, a los hijos de Roy Ambriz y a los padres y la esposa de Arturo, añade un toque personal: “Más allá de todo lo bueno, todo lo malo, siempre voy a recordar esta película pues como en la que nacieron mis dos hijas”, dijo Roy.

Un parteaguas para el cine mexicano
A pesar de las dificultades de financiación y producción en un país donde “nos encontramos con todas las puertas cerradas, las tuvimos que abrir a la fuerza”, Soy Frankelda logró apoyo clave en Guadalajara a través de Polar Studios y el incentivo Filma Jalisco.
Con distribución asegurada por Cinépolis para otoño de 2025 en México y negociaciones abiertas para el mercado internacional, la película promete abrir caminos para nuevas producciones.
Soy Frankelda no solo cruza fronteras geográficas, sino que redefine lo que el cine de animación mexicano puede lograr, inspirando a futuras generaciones con su making-of final, un homenaje a los creadores que, como los Ambriz, se atreven a soñar en grande.
