El viaje de una lista: La historia de ‘Puras cosas maravillosas’
Hay ideas que nacen como un susurro y terminan convirtiéndose en un eco que resuena en todo el mundo. Esta es la historia de una de ellas: la historia de una lista.
Comienza con un niño de siete años que, enfrentado al intento de suicidio de su madre, decide emprender una misión conmovedora: crear una lista de “todo lo brillante del mundo, todo por lo que vale la pena vivir”.
Helados. Guerras de agua. Cosas con rayas. El color amarillo. En la inocencia de su gesto yace un profundo acto de resistencia creativa contra la desesperación.
Esta es la premisa de Puras cosas maravillosas (Every brilliant thing), una obra que ha viajado por el mundo no solo como una pieza teatral, sino como un audaz y necesario faro de esperanza.
Abordar un tema tan delicado como la depresión en el escenario es un acto de valentía; hacerlo con un equilibrio magistral entre humor y ternura es una proeza artística.
La obra transforma un tema denso en una experiencia luminosa y comunitaria, demostrando una fe inquebrantable en la resiliencia del espíritu humano.
No es de extrañar que la crítica Lyn Gardner la describiera como “una de las obras más divertidas que verás sobre la depresión”, una definición que captura su enfoque único y su extraordinaria capacidad para conectar con el corazón del espectador.
Lo que hoy es un fenómeno global comenzó, sin embargo, como un gesto íntimo y personal. Para entender su impacto, debemos regresar a su modesto y conmovedor origen.

El origen: Un monólogo llamado Sleeve notes
Toda gran travesía tiene un primer paso, y el de esta obra fue un gesto de generosidad entre amigos.
Lo que nació como un favor para una amiga actriz, un monólogo de 15 minutos titulado Sleeve notes, reveló su verdadero potencial cuando el propio dramaturgo inglés Duncan Macmillan lo leyó en 2006 en un evento de la compañía teatral Paines Plough.
Lo había escrito para su amiga Rosie Thomson, quien había participado en una obra anterior suya sin tener una sola línea, pero fue en la voz del autor donde la pieza encontró su primera resonancia pública.
Entre los asistentes se encontraba el director George Perrin, quien quedó profundamente conmovido por la honestidad y la fuerza de aquella breve historia.
Ese encuentro casual fue la chispa que inició la conversación sobre cómo esa pequeña semilla podría crecer, cómo un monólogo íntimo podría comenzar su camino para convertirse en un abrazo colectivo.

La evolución: Una lista que cobra vida propia
La idea de la lista pronto trascendió el texto original para convertirse en un proyecto viviente y colaborativo. Macmillan y Perrin tomaron la decisión fundamental de que la lista no debía pertenecer a un solo personaje, sino a todos.
Para ello, crearon un grupo de Facebook e invitaron a la gente a aportar sus propias razones para celebrar la vida. En pocos meses, la comunidad creció a cientos de miembros y la lista acumuló casi mil elementos, cada uno un pequeño testimonio de alegría.
Este concepto se materializó en 2009 en una innovadora exhibición de arte en el Latitude Festival, gracias a la colaboración de los diseñadores Paul Burgess y Simon Daw.
Los elementos de la lista fueron transcritos en objetos físicos —notas adhesivas, recibos, trozos de cartón— y dispuestos en una carpa para que el público pudiera explorarlos. Mientras tanto, durante cuatro días consecutivos, distintos actores leían el monólogo original cada 15 minutos.
Este fue el momento crucial en que descubrieron que la lista no podía ser un objeto estático, sino un organismo vivo que necesitaba la contribución de la comunidad para respirar.
El poder de la obra no residía solo en el monólogo, sino en la lista misma y en su capacidad de ser universal y personal a la vez. Sin embargo, a pesar del éxito, la historia aún no había encontrado su voz definitiva.

El toque de un comediante: Nace Every brilliant thing
En 2012, el proyecto dio un giro decisivo. Macmillan y Perrin invitaron al comediante, improvisador y parte del dúo de comedia musical Jonny and the Baptists, Jonny Donahoe, a unirse al equipo para transformar el monólogo en una obra de larga duración.
La experiencia de Donahoe fue instrumental para forjar la característica más distintiva y revolucionaria de la obra: la participación del público como pilar de la narrativa.
Su habilidad para crear comedia en el momento fue la solución al problema de cómo hablar de un “tema oscuro y aterrador” sin asustar a la gente, permitiendo que cada función fuera única y segura, adaptándose a la energía de la sala. No se trataba de romper la cuarta pared, sino de no construirla jamás.
La filosofía detrás de esta decisión era crear una experiencia compartida, un espacio de vulnerabilidad y conexión. Como explicó el propio Duncan Macmillan, la intención era que la obra fuera un diálogo honesto y abierto:
“Queríamos que fuera una conversación con las luces encendidas. Todos podían verse, todos podían escucharse, y todos podían reír y llorar juntos… Es un tema oscuro y aterrador que no queríamos sentimentalizar, pero también queríamos ser realmente honestos y útiles al respecto”, dijo.
“Tenía que ser divertido, y también necesitaba ser abierto, generoso e inclusivo con el público y no asustar a la gente”, agregó.
Esta determinación de “hacer todo juntos” fue la clave para abordar la depresión de una manera profundamente humana.
Con Donahoe como protagonista, Every brilliant thing debutó en 2013 y se convirtió en un éxito rotundo en el Festival Fringe de Edimburgo en 2014, catapultándola a la escena internacional.
El corazón de la obra: La risa como antídoto
La estrategia más audaz de Puras cosas maravillosas es su capacidad para utilizar el humor como vehículo para transitar por el duelo, la pérdida y la salud mental. Este enfoque, lejos de trivializar la seriedad del tema, se convierte en su mayor fortaleza.
La obra no se ríe de la depresión, sino que ríe con la audiencia, creando un espacio de resiliencia y comunidad a través de la catarsis compartida.
Este delicado equilibrio se sustenta en una profunda investigación y en las propias experiencias de sus creadores. Jonny Donahoe, cocreador y actor original, explica la base sobre la que se construyó la pieza:
“Duncan y yo emprendimos una enorme cantidad de investigación para la obra y se basa en una serie de historias reales de nuestras vidas”, dijo.
Esta autenticidad es lo que permite que el humor funcione no como una evasión, sino como una herramienta para la conexión. Donahoe defiende la comedia como el lenguaje idóneo para abrir diálogos difíciles, afirmando que es la mejor forma de enfrentar el estigma:
“La única manera de lidiar con esto es ser abierto y directo y hablar de ello y compartir, y no sólo compartir, sino, con suerte, compartir humor”, comentó.
Así, la risa se convierte en un acto de resistencia, una forma de decir que incluso en los momentos más oscuros, es posible encontrar motivos para sonreír juntos. Esta fórmula única, que combina honestidad, vulnerabilidad y una dosis generosa de humor, es la clave de su resonancia universal.

Un abrazo global: La adaptabilidad como clave del éxito
Tras su éxito en Edimburgo, la obra inició un viaje extraordinario. Conquistó al público en una exitosa temporada off-Broadway en Nueva York, fue inmortalizada en un especial de HBO en 2016 y, desde entonces, ha sido presentada en 63 países y en alrededor de 400 producciones profesionales.
Su éxito global no radica en una fórmula rígida, sino en su increíble flexibilidad. El guion está diseñado para ser adaptado, incluyendo notas al pie con recomendaciones para modificar las referencias culturales, demostrando que la flexibilidad no es una opción, sino una instrucción directa. Jonny Donahoe lo expresa claramente:
“Es realmente importante que la gente haga sus propias versiones. No es una pieza de museo”, comentó.
Esta invitación a la apropiación cultural ha permitido que la obra eche raíces en contextos muy diversos. La producción griega incorporó referencias a la cultura pop de los 90, mientras que en Singapur la lista se pobló con marcas de helado y canciones locales.
Esta capacidad de adaptación ha permitido que la historia se sienta universal y, a la vez, profundamente personal en cada rincón del planeta, incluyendo una versión especialmente significativa que encontró su hogar en los escenarios de México.

El escenario mexicano: Puras cosas maravillosas con Pablo Perroni
La obra llegó a México bajo el título Puras cosas maravillosas, encontrando en el actor Pablo Perroni a un intérprete que abrazó por completo su espíritu interactivo y sanador.
Dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui y con traducción de Pilar Ixquic Mata, esta versión marcó el debut de Perroni en el formato de monólogo, un desafío que asumió con una entrega y conexión notables.
Para Perroni, la clave de la obra reside en la interacción directa y honesta con los asistentes. Él no actúa para el público, sino con el público, convirtiéndolos en cómplices indispensables de la narración.
Su afirmación de que “el público te ayuda a contar la historia” no es solo una reflexión personal; es la manifestación perfecta del principio de “hacer todo juntos” de Macmillan.
Esto implica enfrentar cada noche la “soledad inquietante” del escenario y la “adrenalina” de no saber qué va a pasar, una vulnerabilidad que añade una capa de profunda humanidad a su rol.
Esta interacción es fundamental para la motivación principal del actor: abrir un diálogo necesario sobre la salud mental en la escena mexicana.
“Es mi manera de hablar sobre el tema, de las cosas que me interesan hablar: salud mental, depresión, suicidio, de esta manera creo que con la risa es mucho más fácil abrir el tema”, comentó.
La propuesta fue recibida con entusiasmo, y la recomendación de la actriz Gabriela de la Garza, quien la describió como “una obra inspiradora, positiva y para toda la familia”, subraya su amplio poder de convocatoria.
La versión de Perroni es la prueba fehaciente de que el ADN de la obra es universal, capaz de replicarse exitosamente en cualquier cultura.
El mensaje final: No estás solo
El viaje de Puras cosas maravillosas es un testimonio del poder de una idea simple y honesta. Lo que nació como un monólogo de 15 minutos, un regalo entre amigos, se transformó en un fenómeno global que ha tocado incontables vidas.
Una lista, iniciada por un niño para salvar a su madre, se convirtió en un recordatorio universal de las pequeñas alegrías que nos anclan a la vida.
En cada función, la obra logra algo mágico: crea un microcosmos de resiliencia, un refugio instantáneo donde extraños se convierten en cómplices de una misma verdad: la vida, a pesar de todo, vale la pena.
Nos recuerda que las cargas más pesadas se aligeran cuando se comparten. La lista no es la solución, sino el catalizador de una conversación que salva vidas. Quizás, el mensaje más profundo y duradero de esta creación se resume en las palabras directas de su autor, Duncan Macmillan:
“No estás solo, no eres raro, lo superarás, y solo tienes que aguantar. Es algo muy poco ‘cool’ y pasado de moda que alguien diga eso, pero lo digo de verdad”, concluyó.

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