‘Witte Wieven’ abre las puertas del Hotel Macabro
En 2002, la Biblioteca de México vio nacer a Macabro, cuando el festival de cine de terror, cofundado y dirigido por Edna Campos Tenorio, era apenas una arriesgada y alocada idea, y todavía no era un certamen de carácter internacional.
A través de los años, la icónica biblioteca ubicada frente a la Plaza de la Ciudadela, ha fungido como sede importante para el evento, acogiendo funciones de gala como aquella con la que se celebró el 40° aniversario de Alucarda: La hija de las tinieblas (Juan López Moctezuma, 1977) o esa otra en la que se estrenó la versión restaurada del título pionero La llorona (Ramón Peón, 1933), por mencionar solo dos ejemplos.
Y en este 2025, albergó la inauguración de la edición 24 del Festival Macabro.

La transformación del público a lo largo de los años
Resulta al menos significativo cómo ha cambiado, para bien, el panorama. En los albores del Festival Macabro, uno podía notar fácilmente cómo las filas para poder ingresar a las salas y foros de los diferentes recintos, era conformada distintivamente por fanáticos recalcitrantes del cine de género, freaks y outsiders.
En la extensa fila que se pudo apreciar en la Biblioteca de México el pasado martes 19 de agosto, estos personajes confluyeron entre decenas de adolescentes arrastrados por formar parte del momento y descubrir algo nuevo, novios cuyo plan para esa noche fue ver una película neerlandesa de folk horror y adultos mayores no muy enterados de qué es lo que iban a ver, pero entusiasmados en averiguarlo.
Se trató de una escena que cada vez se ha vuelto más común en el festival y que seguramente se irá repitiendo en el transcurso de los doce días que este dura.

El Hotel Macabro abre sus puertas
El Patio Octavio Paz se convirtió durante una noche en la recepción del temido Hotel Macabro en donde los asistentes que aceptaron valientemente volverse sus huéspedes, fueron recibidos por un concierge maldito.
Esta fue una señal inequívoca de que las maletas y pertenencias se iban a perder por culpa de algún espectro merodeador, y que a cada uno le tocaría una habitación, lo mismo infestada de cucarachas, que con un monstruo debajo de la cama, o un asesino enmascarado escondido en el baño.
La inauguración oficial y el grito de guerra
Tras las palabras protocolarias de Abril Alzaga (flamante directora del Fideicomiso para la Promoción y Desarrollo del Cine Mexicano en la Ciudad de México) y Jorge Martínez Micher (subdirector de difusión de la Filmoteca de la UNAM), y al conocido grito de guerra “¡Larga vida al Macabro!”, Edna Campos Tenorio, dueña de este siniestro hotel, dio por inaugurada una edición más del festival.
Así, los huéspedes se aprestaron para ver Witte Wieven, ópera prima de Didier Konings.

Witte Wieven, un relato de folk horror neerlandés
Si bien es cierto que la función tuvo algunos contratiempos técnicos, con un audio no siempre a la altura de las circunstancias y una pantalla inflable que permaneció inestable por culpa del fuerte viento que corría, al grado que aquello parecía como preámbulo de alguna secuencia de la saga de Destino final.
Eso no fue impedimento para que el público permaneciera en su asiento, interesado en el relato, ubicado en la época medieval, en el cual una joven mujer perteneciente a una aldea donde impera el fanatismo religioso, es señalada de tener un pacto con el diablo debido a su embarazo –a pesar de su infertilidad– tras haber penetrado un bosque supuestamente maldito.
Un inicio prometedor para la edición 24
Una película, inspirada en el folclore de Países Bajos y sus espíritus femeninos que recorren las zonas rurales –las Witte wieven del título– que funcionó perfectamente como título inaugural y como pista de lo que les espera a las personas que hayan decidido alojarse en el Hotel Macabro.

