De las sinfonías a los hits: la música que sostiene nuestra mente
Desde hace siglos, para muchos, la música ha sido mucho más que entretenimiento. Es compañía, desahogo y una forma de cuidar la mente. Ya sea en una sala de conciertos escuchando una sinfonía de Beethoven o con audífonos disfrutando a Billie Eilish, las melodías tienen el poder de reconfortar, inspirar y ayudarnos a atravesar momentos difíciles.
El respaldo de la ciencia
La sensación de alivio o felicidad que sentimos con una canción no es casualidad. Estudios han demostrado que escuchar música que nos gusta libera dopamina —la hormona del placer— y reduce los niveles de cortisol, responsable del estrés. En 2011, un equipo liderado por Valorie N. Salimpoor (neurocientífica canadiense) comprobó este efecto en momentos de gran intensidad emocional al oír música.
Más recientemente, en 2023, Daniel L. Bowling (neurocientífico y psicólogo estadounidense) publicó en Translational Psychiatry un trabajo que explica los mecanismos biológicos detrás de este vínculo entre música y bienestar mental.
No es solo teoría: un metaanálisis de 2022 realizado por investigadores internacionales especializados en musicoterapia revisó 26 estudios con 779 personas y encontró que escuchar, cantar o participar en sesiones de musicoterapia mejora de forma significativa la calidad de vida relacionada con la salud mental.
Durante la pandemia, un estudio con más de 700 adultos en Austria e Italia confirmó que quienes escuchaban música a diario tenían menos estrés y mejor ánimo.

Beethoven y la resiliencia
Ludwig van Beethoven, uno de los compositores más influyentes de la historia, creó algunas de sus obras más emblemáticas mientras perdía la audición.
Su música, intensa y emotiva, no solo refleja sus luchas personales, sino inspiración y perseverancia. La “Sinfonía n.º 9” y su famoso “Himno a la alegría” siguen transmitiendo esperanza dos siglos después.
Billie Eilish y la vulnerabilidad en el pop
En el otro extremo del tiempo, Billie Eilish ha conectado con millones de jóvenes al hablar abiertamente de temas como la ansiedad, la depresión o la autoaceptación.
Sus letras funcionan como espejo emocional para quienes atraviesan momentos similares. En foros y redes, muchos fans cuentan cómo sus canciones les han ayudado a sentirse menos solos y más comprendidos.

Música que une y fortalece
Más allá de los grandes nombres, la música también se usa como herramienta terapéutica para tratar depresión, demencia, cáncer y parkinsonismo. Estudios recientes confirman que cantar, incluso sin entrenamiento, aumenta la dopamina, reduce el estrés y mejora la resiliencia emocional, sobre todo cuando se hace en grupo.
En 2024, una investigación transnacional liderada por científicos finlandeses y colaboradores internacionales por parte del Centro de investigación PET de Turku reveló que la música provoca reacciones físicas similares en personas de distintas culturas, lo que apunta a un lenguaje emocional universal.
El hilo que une generaciones
Beethoven y Billie Eilish están separados por siglos, estilos y públicos, pero comparten algo esencial: entender la música como un refugio para procesar emociones y encontrar sentido en medio del caos. Cada generación, con sus propios sonidos, ha usado las canciones para sanar, para resistir y para seguir adelante.
Quizá ese sea el verdadero poder de la música: recordarnos que siempre habrá una melodía dispuesta a sostenernos cuando las palabras no sean suficientes.

