‘Macdo’, una densa película sobre el poder y la manipulación
Una de las cintas seleccionadas para el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) fue la producción Macdo, ópera prima de la artista Racornelia Ezell, que pretende asumirse como un trabajo provocador y que invita al debate, aunque, en los hechos, resulta excesiva y llena de los vicios de las llamadas películas festivaleras que, si bien llaman la atención de un sector, no buscan en realidad hallar eco en las grandes o medianas audiencias.
La cinta nos lleva a una noche de Navidad en la década de los noventa en México, donde seremos testigos de las interacciones entre los involucrados y de cómo un hecho entre los niños desencadenará una serie de situaciones que mostrarán la hipocresía de todos ellos.

Una propuesta visual con cámara de video casero
Racornelia toma la decisión de grabar su película con una cámara de vídeo casero, intentando con ello dotar de cierta realidad el trabajo al dejarles a los actores la responsabilidad de registrar los sucesos. Desafortunadamente, no resulta del todo logrado, pues se siente como un ejercicio de estilo que pronto se agota y muestra sus costuras, nada sutiles y sí demasiado obvias.
El inicio de la película se dedica a mostrar las relaciones familiares, la forma en que las relaciones sociales dictan las normas y la manera en que la religión usa la manipulación para asegurarse el seguimiento de los más pequeños, así como las relaciones de poder entre los adultos y la forma en que se abordan las situaciones inesperadas que pueden resultar desagradables y poco afortunadas.

Racornelia Ezell, directora y actriz
La cinta es protagonizada por la misma realizadora, quien da vida a la madre de familia que ve cómo su mundo colapsa y quien, en la intimidad, desarrolla un juego de violencia con su pareja, donde ambos se agreden y se sostienen uno al otro en un enfermizo juego de poder que desnuda la hipocresía de las relaciones y que, sobre todo, muestra los oscuros de las clases medias mexicanas.
Macdo es una película incómoda, pero por las razones equivocadas. No lo es por sus relaciones de poder, sino por la forma en que está realizada. La realizadora apuesta por una puesta en escena caótica y densa, donde la palabrería abunda y donde, en su primera mitad, parece no llegar a nada, lo que la hace repetitiva por momentos.
Sin embargo, es lo que sucede en esa primera mitad lo que determinará el devenir de la cinta, lo que nos hará replantearnos lo visto y analizarlo desde otra perspectiva, solo para descubrir que las apariencias siempre dominan y que no conocemos la realidad de las cosas.

Lo más interesante en la segunda mitad de la película
En realidad, el segundo tramo de la película es el más interesante. Una vez que la reunión navideña ha terminado y, tras una larga pausa de pantalla negra pero no silente, seremos testigos de una extensa charla entre la pareja protagonista, la cual muestra su dependencia enfermiza hacia el otro y deja al descubierto el machismo y la manipulación femenina entre ellos.
Es en esa parte donde encontramos lo mejor de la película: en esa exploración de poder, sexualidad y dominación.
Macdo busca provocar una reacción en el espectador, y sin duda lo logra, aunque para ello caiga en artificios que se descubren muy rápido. Es una cinta experimental que nos permite descubrir una nueva voz en el cine mexicano, en espera de ver su evolución y la forma en que desarrolla sus nuevas exploraciones sobre las interacciones humanas.
